El nivel de amoníaco ambiental se mide en partes por millón (ppm) mediante equipos portátiles (de bolsillo) o fijos con sistemas de alarmas que se activan cuando los niveles de concentración sobrepasan los máximos establecidos. Considerando tanto la salud humana como animal, los investigadores de varios países recomiendan que el nivel guía de exposición para amoníaco es entre 20 y 25 ppm.

​Sin embargo, en la práctica, las aves son expuestas a niveles promedio de 50 ppm de amoníaco y puede alcanzar las 200 ppm en casos extremos. Esto último, está relacionado con la capacidad de percepción del amoníaco por parte de los productores. Teóricamente, el olfato humano no detecta la presencia de amoníaco a niveles menores de 20 ppm y se ha comprobado que a niveles mayores (50 ppm), la mayoría de los productores no detectan el gas en los galpones. El problema es que la nariz pierde sensibilidad al amoníaco después de largas o repetidas exposiciones al mismo olor, de esta forma, las aves son afectadas mucho antes que el problema sea percibido por sus criadores [1,2].

Los efectos del gas tóxico en las aves resultan de la combinación del tiempo y los niveles de concentración durante la exposición [3,4]. Es posible que se exponga a las aves a concentraciones relativamente bajas de amoníaco, aunque durante largos períodos, sin que los encargados del manejo se den cuenta de ello [5]. Por tanto, es de vital importancia contar con un sistema de monitoreo acorde para detectar y cuantificar la presencia de amoníaco a nivel ambiental.

Efecto del amoníaco en el desempeño productivo de las aves

Desde 1960, varios trabajos científicos han demostrado el efecto perjudicial de las altas concentraciones de amoníaco atmosférico en la producción de pollos de engorde. Las variables zootécnicas más afectadas son el peso y la conversión, aunque ciertos estudios incluyen el consumo y la mortandad (Tabla 1).

Es importante mencionar, que en las aves de postura también se ha observado el efecto negativo del amoníaco en la producción.

Principalmente, altos niveles de amoníaco (78 ppm) causaron una disminución en la producción de huevos, consumo de alimento, ganancia de peso y retraso en la madurez sexual en gallinas Leghorn de 20 semanas de edad [6] De igual forma, se ha observado cambios en la calidad de la albúmina, consistencia y color de la clara y yema [7].

Efecto del amoníaco en la salud de las aves

Una variedad de problemas de salud en las aves se han desarrollado a causa de la exposición a niveles de amoníaco superiores a las 20 ppm por periodos prolongados. A estos niveles, el amoníaco del aire se disuelve en los líquidos que cubren las membranas mucosas expuestas como los ojos y el tracto respiratorio, produciéndose hidróxido de amonio, un álcali altamente irritante.

El efecto del gas sobre el tracto respiratorio perjudica la acción de la mucosa y deteriora los cilios de la tráquea. Algunos investigadores han demostrado la pérdida ciliar de las células epiteliales de la tráquea en pollos expuestos a 50 ppm de amoníaco [9,10]. En otros trabajos, se ha observado la presencia de congestión, edema y hemorragias pulmonares en pollos expuestos a 20 ppm durante 42 días [11] y a 75 ppm, se evidenció una alteración de la ultraestructura pulmonar [9].

Se ha indicado que el amoníaco puede estimular a las células caliciformes a una hipersecreción de moco y exudado, favoreciendo aún más la colonización de las vías respiratorias por microorganismos inhalados originando una infección [3,8]. Valentine (1964) sugirió que concentraciones de 60-70 ppm predisponen enfermedades respiratorias e infecciones secundarias. Esto fue observado posteriormente por Moum et al. (1969) donde aves expuestas a amoníaco, exhibieron una mayor susceptibilidad a la enfermedad de Newcastle y cambios morfológicos en bazo, hígado y glándulas suprarrenales. De la misma forma, se encontraron casos severos de coccidiosis [12] asociado con un incremento en las aerosaculitis y niveles Mycoplasma Gallisepticum [2].

Aunque la afección conocida como queratoconjuntivitis se ha atribuido a la deficiencia de vitamina A, los altos niveles de amoníaco son probablemente la causa principal. Varios trabajos de investigación concluyeron que la exposición a concentraciones de 60-70 ppm de amoníaco ocasiona esta enfermedad [13,14,15,16]. Bullis et al. (1950) observaron que la mayor incidencia de queratoconjuntivitis se produjo con concentraciones de amoníaco mayores a 25 ppm en edades tempranas. Además, se ha reportado que en concentraciones mayores a 100 ppm y persistentes, se puede presentar úlcera corneal y ceguera; lo que es doloroso y provoca fotofobia [8]. En este caso, las aves afectadas se frotan la cabeza y parpado contra las alas, conservan los ojos cerrados y evitan moverse; por tanto, el consumo de alimento y agua se ve reducido significativamente [17].

Las lesiones erosivas que afectan a la piel en la superficie plantar (pododermatitis), los tarsos y cubierta del esternón son un problema importante en la producción avícola. Una característica común de todas estas lesiones cutáneas es la irritación por contacto y la relacionan con malas condiciones de la cama [8].

Dado que las aves pasan la mayor parte del tiempo descansando sobre la cama, si esta no se encuentra en buenas condiciones, se producirá dermatitis por contacto por la abrasividad, el amoníaco y el calor [18,19]. Muchas veces además de las lesiones superficiales se generan úlceras llenas de escaras negras en la parte posterior de las patas, tarsos y pechuga [20,21].

También estudios experimentales han demostrado que las lesiones graves en las patas pueden provocar claudicación y menor peso corporal [20,22].

Consideraciones finales

Todos estos efectos sobre la salud y desempeño de las aves conllevan a pérdidas productivas que muchas veces no logran ser cuantificadas económicamente por los productores.

Sin dudas, la buena calidad del aire es un factor ineludible cuyo manejo adecuado permitirá evitar distintos tipos de problemas inespecíficos de la producción avícola, tanto en broilers como gallinas de postura.

REFERENCIAS

  1. LOTT, B. Y DONALD, J. (2003a). El amoníaco puede causar pérdidas importantes. Industria Avícola. 50 (10): 8-10.
  2. SMITH, J.A. (1998). Relación Entre el manejo y la patología de los pollos. Memorias del IX Seminario Internacional de Patología Aviar. Georgia. E.U.A. 54-64.
  3. NAGARAJA, K.V. (1992). Influencia del amoníaco sobre el sistema de defensa de las aves. Avicultura Profesional. 9(3):132-134.
  4. OVIEDO, E. (2005). Manejo de la calidad de aire en Avicultura. Industria avícola.
  5. HUNTON, P (1989). Cómo afecta el amoníaco a las pollonas y gallinas ponedoras. Industria Avícola. 36(2): 27.
  6. CHARLES, D.R. AND PAYNE, C.G. (1966A). Influence of graded levels of atmospheric on chickens. The effects on respiration and on the performance of broilers and replacement growing stock. British Poultry Science. 7: 177-187.
  7. CHARLES, D.R. AND PAYNE, C.G. (1966B). The influence of graded levels of atmospheric ammonia on chickens. British Poultry Science. 7:189-199.
  8. CALNEK, B.W. (2000). Enfermedades de las aves. 2º Edición. Editorial el Manual Moderno. México, D.F.- Sta Fé de bogota: 967-968.
  9. AL-MASHHDANI, E.H. AND BECK M.M. (1985). Effect of atmospheric ammonia on the surface ultrastructure of the lung and trachea of broiler chicks. Poultry Science. 64: 2056-2061.
  10. LOTT, B. Y DONALD, J. (2003b). Amônia. Grandes perdas mesmo quando você não percebe. Catálogo Oficial Da Ave Sui. Rev Aviculura Industrial. 94 (4): 34-35.
  11. ANDERSON, D.P.; BEARD, C.W. AND HANSON, R.P. (1964). The adverse effects of ammonia on chickens including resistance to infection with Newcastle disease virus. Avian Disease. 8: 369-379.
  12. QUARLES, C. L. and CAVENY, D. D (1979). Effect of air contaminants on performance and quality of broilers. Poultry Science. 58: 543.
  13. VALENTINE, H. (1964). A study of the effect of different ventilation rates on the ammonia concentrations in the atmosphere of broiler houses. British Poultry Science 5: 149- I S9.
  14. Lillie, R.J. (1970). Air Pollutants Affecting the Performance of Domestic Animals. Agricultural Handbook 380, Agricultural Research Service, US Department of agriculture, Washington D.C., USA.

Florencia Pedrozo Licenciada en Biotecnología de la Universidad Nacional de Quilmes, promoción 2015.

Comenzó su carrera profesional en Cladan SA hace 5 años , desempeñando tareas de laboratorio dentro del departamento de I+D y hoy cumpliendo el rol de Extensión.

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