Interrumpir la lactancia de las vacas de cría a los 60 días posparto genera un alto impacto en los resultados de los establecimientos ganaderos. Cómo aplicar esta técnica y qué hacer con los terneros.

Las vacas de cría cumplen una doble función: gestar un ternero y alimentarlo. La totalidad de ese proceso tiene una eficiencia muy baja, menor al 4%, al considerar la transformación de la energía del pasto en vaca (energía de mantenimiento), en leche y en ternero. Y esta baja eficiencia limita las posibilidades de las empresas ganaderas. Sin embargo, hay herramientas de manejo que pueden mejorar la rentabilidad.

Enfocando el tema desde el ángulo estrictamente nutricional, se tiene que durante la lactancia se producen los mayores requerimientos de las vacas, ya que aún en sistemas de cría con destetes “anticipados” (5 a 7 meses de edad de lo terneros) se superponen la alta demanda de nutrientes que encierra la producción de leche con los requerimientos crecientes de una nueva gestación.

Por otro lado, desde temprana edad el ternero no depende exclusivamente de la leche materna, a la que complementan con el pastoreo directo. De esa forma, están consumiendo un forraje que, si bien es apto para vacas adultas, es de baja calidad. Por lo tanto, se desaprovecha la excelente capacidad de estos terneros para convertir alimento en carne, ya que pueden convertir con una alta eficiencia, casi similar a la de un monogástrico.

Con ese marco, los ganaderos se enfrentan a la disyuntiva de qué hacer para mejorar sus índices productivos, fundamentalmente aquellos que ya han alcanzado niveles superiores en sus resultados, como son los casos con porcentajes de preñez superiores al 90%. Así, se encuentran con que, al menos por ahora, el rol de la vaca como productora de terneros es insustituible. En cambio, es posible lograr mejoras en el sistema de producción trabajando sobre su rol como alimentadora de terneros, ya que esa función es parcial o totalmente sustituible. Trabajando en esa línea, en los últimos años se han logrado fuertes incrementos de producción en Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. La clave ha sido una importante reducción del período de lactancia, destetando los terneros a los 60 días de edad. La aplicación de esa técnica, conocida como “destete precoz”, se traduce en:

a) Mayor eficiencia reproductiva, como consecuencia de la recuperación de la condición corporal de los vientres, logrando mayores porcentajes de preñez y una mejor distribución que deriva en un incremento de la cabeza de parición.

b) Más facilidad para engordar a las vacas refugadas.

c) Aumentos significativos en el número de vientres por hectárea, de hasta el 70%.

d) Mayor facilidad para la utilización de la inseminación artificial.

En muchos establecimientos ganaderos el destete precoz comenzó a aplicarse sobre las vacas que crían el último ternero (vacas CUT), logrando que salgan gordas del campo natural. En otros casos, se apuntó en un principio a las vaquillas con el primer ternero al pie, con el objetivo de evitar o reducir la importante caída de sus porcentajes de preñez en el segundo entore. También es frecuente que la decisión de incursionar en el destete precoz surja en años con deficiente oferta forrajera.

Sin embargo, independientemente de la motivación inicial, la generalidad de los establecimientos que han aplicado el sistema fueron encontrando ventajas que los llevaron a que posteriormente realizaran una adopción gradual hasta llegar a aplicarla sobre las distintas categorías de vientres.

Manejo de los terneros

Un punto clave y que suele generar los mayores interrogantes es ¿qué hacer con los terneros? Al momento del destete, con 60 días de vida, tienen un peso del orden de los 60 a 70 kilos y requieren una alimentación sumamente cuidadosa que tiene por objetivo producir en el menor tiempo posible el paso de lactante a rumiante.

La operatoria del destete precoz consiste en realizar la separación de las madres y sus hijos en corrales, en los que quedarán los terneros mientras que sus madres vuelven al potrero. Para el cálculo de la superficie necesaria de corrales, se debe considerar de 8 a 10 metros cuadrados por ternero. Deben contar con comederos, a razón de 30 centímetros lineales por animal, sombra y protección contra el viento.

La permanencia de los terneros en los corrales debe ser de 10 días, durante los cuales se les debe suministrar un alimento balanceado para destete precoz (18% de proteína bruta), heno de buena calidad y abundante agua.

Las proporciones de estos ingredientes y el total de ración consumido van cambiando a medida que pasan los días. Luego se inicia una etapa de transición que dura 5 días, en la que se reemplaza el balanceado por la ración que recibirán en el potrero. Posteriormente es recomendable seguir suplementando a los terneros hasta que alcancen los 120 kilos de peso vivo.